Hay una frase que escucho muchísimo en consulta:
“Laura, antes esto no me pasaba.”
Y normalmente no hablan de una enfermedad.
Ni de un diagnóstico.
Hablan de cosas tan cotidianas como tener más hambre, sentirse más cansadas, notar que ya no disfrutan igual entrenando o que necesitan descansar más.
Lo curioso es que casi siempre llegan con la misma conclusión:
“Debe ser que me estoy descuidando.”
Y mi primera respuesta suele ser siempre la misma:
¿Y si no te estuvieras descuidando?
¿Y si simplemente tu cuerpo hubiera cambiado y nadie te hubiera enseñado a entender esos cambios?
Porque nos pasamos gran parte de la vida aprendiendo a comer, a entrenar o a cuidarnos siguiendo normas generales.
Pero muy pocas veces alguien nos explica que nuestro cuerpo no necesita lo mismo todos los días.
Y eso cambia por completo la manera en la que deberíamos relacionarnos con él.
No siempre necesitamos lo mismo
Imagina que cada día del año llevaras la misma ropa.
El mismo abrigo en agosto.
La misma camiseta de manga corta en enero.
No tendría mucho sentido, ¿verdad?
Entonces…
¿Por qué esperamos que nuestro cuerpo necesite siempre la misma cantidad de comida, la misma intensidad de ejercicio o la misma energía?
Nuestro organismo cambia constantemente.
Y en las mujeres esos cambios están muy relacionados con el ciclo hormonal.
Las hormonas no solo influyen en la menstruación.
También participan en cómo nos sentimos, en el hambre, en la recuperación, en el descanso e incluso en las ganas que tenemos de movernos.
Sin embargo, seguimos intentando responder igual todos los días.
Y ahí empieza gran parte de la frustración.
Cuando interpretamos mal las señales
Hay mujeres que llegan a consulta convencidas de que tienen un problema porque una semana sienten mucha más hambre.
O porque entrenan igual que siempre y, aun así, terminan agotadas.
O porque ya no recuperan igual después de hacer ejercicio.
Pero esas señales no siempre indican que estés haciendo algo mal.
Muchas veces simplemente indican que tu cuerpo está atravesando un momento diferente.
Y cuando entiendes eso, desaparece gran parte de la culpa.
Porque dejas de pensar:
“Tengo que controlarme más.”
Y empiezas a preguntarte:
“¿Qué estará necesitando mi cuerpo hoy?”
Esa pregunta cambia completamente la relación con la alimentación y con el ejercicio.
Cuidarte también significa adaptarte
Durante mucho tiempo nos hicieron creer que cuidarse consistía en seguir un plan sin desviarse.
Comer igual.
Entrenar igual.
Responder igual.
Pero cuidarse también es saber adaptarse.
Habrá semanas en las que necesites más descanso.
Otras en las que tu cuerpo agradezca una comida más completa.
Y otras en las que tengas energía para disfrutar de entrenamientos más intensos.
No significa que unas semanas lo estés haciendo mejor que otras.
Significa que estás aprendiendo a escuchar un cuerpo que nunca ha sido lineal.
La alimentación también cambia con tu ciclo
Cuando entiendes cómo influyen las distintas fases del ciclo menstrual en tu organismo, muchas situaciones empiezan a tener sentido.
Ese aumento del apetito.
La necesidad de descansar un poco más.
La sensación de que algunos días recuperas mejor que otros.
No son caprichos.
Son respuestas fisiológicas.
Y adaptar la alimentación a esos momentos no significa hacer una dieta diferente cada semana.
Significa ofrecerle a tu cuerpo aquello que necesita en cada fase.
Una forma distinta de cuidarte
Quizá el objetivo no sea controlar más.
Ni exigirte más.
Ni entrenar más.
Quizá el primer paso sea comprender mejor lo que tu cuerpo lleva tiempo intentando decirte.
Porque cuando dejas de luchar contra él y empiezas a entenderlo, desaparece gran parte de la culpa.
Y cuidar de ti deja de sentirse como una obligación para convertirse, por fin, en un acto de autocuidado.
Si quieres empezar a conocer cómo influyen las distintas fases del ciclo en tu alimentación y descubrir cómo adaptar de forma sencilla tus comidas a cada momento, puedes descargar gratuitamente mi guía.
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